L’Horta d’Alacant

Siglos XIV y XV

“L’Horta d’Alacant”

Texto elaborado por: Verónica Quiles López

El Tratado de Almizra firmado en 1244 y vigente hasta 1296 entre el rey de Aragón, Jaime I, El Conquistador y el infante Alfonso de Castilla, apaciguaba las tensas relaciones entre las Coronas por el deseo de conquistar las tierras septentrionales del Sharq al-Andalus entre los reinos andalusíes de Valencia y Murcia, y que venía a establecer la demarcación territorial de los ámbitos de conquista y posesión de cada una de las coronas. Esta nueva frontera dividía el río Montnegre entre los dos reinos, quedando la cuenca alta y media por el Reino de Valencia y la baja, por el Reino de Murcia. 

En la primavera de 1247 los militares castellanos, comandados por el el rey Alfonso X, conquistan Alacant permaneciendo la soberanía castellana durante 48 años hasta que el ejército del monarca aragonés, Jaime II, logra la villa en 1296 e incorporarse al Reino de Valencia tras la sentencia de Torrellas en 1304.

Tras la conquista, la Huerta de Alicante, es mencionada entre los privilegios que el Rey Alfonso otorga a la Villa, cediendo a los nuevos pobladores el dominio de las tierras, montañas, fuentes y ríos del término, además del uso del caudal del río Montnegre y aguas de lluvia que lo alimentan. Los musulmanes habían experimentado un gran desarrollo hortofrutícola en el alfoz de Laqant, cuyos habitantes viven y comen de la misma. A partir de aquí, muchos propietarios aprovecharon su condición y se enriquecieron vendiendo el agua en vez de utilizarla para el riego de sus campos. Además, se origina una serie de conflictos entre los habitantes de la cabecera del río y los alicantinos.

Mapas de L'Horta d'Alacant. Siglos XIV-XV. Sección EXPLORA - TERRA
Mapa de L’Horta d’Alacant. Siglos XIV-XV. Sección EXPLORA – TERRA

En el siglo siguiente prosiguieron las disputas entre los reinos cristianos y entre 1356 y 1369, se sucederá la guerra de los dos Pedros, Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. Cuando el reinado vuelve a la calma, en la Huerta se acometerá una importante mejora que afecta al caudal irregular del río Montnegre,  ya que el en los meses estivales el río tenía un caudal muy pobre, agravándose la sequía y en periodos otoñales principalmente, y en menor medida primaverales, su caudal oscila sustancialmente, ya que las precipitaciones pluviales hacían que muchos días el caudal viniera lleno y se perdiera mucha el agua en el mar, porque la acequia madre no podía soportar tal capacidad de agua. Por lo que, en 1377, se construye aguas abajo del Azud Vell, el Azud Nou o de Sant Joan, del Pas de Busot, que recoge las aguas de avenida, irrigando los campos de secano y ampliando la zona hídrica de la superficie cultivable en la parte más baja de la cuenca, en la llamada l’Horta de Baix

Del azud Nou se distribuían las aguas de avenida por la nueva acequia llamada Gualeró o Goleró, que duplica el caudal de la acequia Mayor a su paso por Sant Joan. Los campos l’Horta de Baix, comprendidos entre Sant Joan, Benimagrell, Santa Verónica (Santa Faz) y Condomina, experimentará nuevas mejoras, en el punto donde convergen las aguas de la acequia Mayor y Gualeró se construye un molino harinero, el molí del Rei, y tras cruzar la villa de Sant Joan, se ramifican nuevos brazales hacia la zona comprendida entre Benimagrell y LLoixa dirección a la Condomina, con el brazal de Moletes, y el de Maimona o Benialí

Mapas de L’Horta d’Alacant. Siglos XIV-XV. Sección EXPLORA – TERRA

A partir del siglo XV, la religiosidad popular está muy presente en el paisaje cultural de la Huerta con el rezo de plegarias y la celebración de rogativas pro pluvia y pre serenitate. A finales de siglo, la reliquia de la Santa Faz llega en un arcón a Sant Joan procedente de Roma de la mano de Mosén Pedro Mena y según cuenta la tradición que, el 17 de marzo de 1489, en un intento por mitigar la sequía mientras se realizaba una rogativa pro pluvia con la reliquia por el camino tradicional de la alquería de Lloixa, cuando la Santa Faz comenzó a llorar. La autenticidad de las lágrimas fue verificada por el caballero Guillem Pascual. Tras el suceso llegaron las lluvias y con ellas el reconocimiento del milagro. Más tarde el mismo Guillem Pascual cedería los terrenos donde se emplazó el Monasterio de Santa Verónica, hoy Santa Faz, en recuerdo del suceso religioso.