La Huerta de Alicante. Siglos XIX–XX

«La Huerta de Alicante. Siglos XIX–XX»

Texto elaborado por: Verónica Quiles López

Estamos trabajando en la actualización del material gráfico que acompaña el texto y la traducción al valenciano. Próximamente estará disponible. Gracias por tu comprensión 😉

A dos kilómetros escasos de Alicante se encuentra el que ha sido el balcón de referencia para contemplar la Huerta de Alicante, la Cruz de Piedra. Es el punto más elevado a la salida de Alicante por el NE del cual arrancan los caminos tradicionales hacia la Huerta. Desde allí se divisaba todo el paisaje de la misma. Emplazada hoy en el paraje de Vistahermosa, de ahí su bello nombre, era impensable no hacer un alto en el camino y deleitarse con el encantador panorama que ofrecía el valle, extendiéndose hacia una amplia llanura de tierra agrícola, cultivada en su mayoría por campos de hortalizas, frutales y viñedos, limitada por frente e izquierda por larga cordillera de montañas, y descubriéndose a la derecha el mar que cierra por este lado el horizonte. 

Mapa de La Huerta de Alicante. Siglos XIX–XX. Sección EXPLORA – TERRA

En 1816, el Consulado contrata al prestigioso agrónomo Claudio Boutelou que, se traslada a Alicante para ocupar la nueva plaza de profesor de la Escuela de Agricultura y Botánica, quien proporcionó en la ciudad, en algo más de un año, de un jardín botánico-agrícola para las prácticas y fomento en nuestras tierras de las artes en jardinería y agricultura. El objetivo era la especialización de la aristocracia en estos campos y posiblemente, herborizar la Huerta de Alicante con la distribución a los labradores, de semillas y plantas cultivadas en el Jardín.

A partir de 1811, hay constancia de las intenciones por parte de labradores de la partida Campello, situada en el margen izquierdo del río, de la construcción de un nuevo azud, Aduz de Campello y la acequia Cerdá que debieron quedar terminados hacia 1843, aguas abajo del azud de Sant Joan. Un año antes, entre el Azud Mutxamell y Sant Joan, se construyó cerca del caudal del río el depósito de agua el Pantanet, agrandado en 1847 y que actualmente hace las funciones de partidor, distribuyendo los caudales a las acequias. 

Según Altamira, hijo adoptivo de Sant Joan d’Alacant, describe que, en Sant Joan d’Alacant, en la plaza pública del pueblo se celebraba todos los jueves y domingos por la mañana y al aire libre el Mercado del agua, “donde allí acudían los labradores y terratenientes con sus albalaes, bonos en papel donde se indica la hora de riego y el día y concertaban entre sí las compras y ventas, en conversación ordinaria, sin voces ni pregones”. En 1849 se elabora el Reglamento para el aprovechamiento de las aguas del riego de la Huerta de Alicante a cargo de un sindicato de riegos. 

Mapas de La Huerta de Alicante. Siglos XIX–XX. Elementos del agua. Sección EXPLORA – TERRA

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la sequía seguía siendo uno de los principales problemas del campo, unido a la deforestación que hacían disminuir las lluvias y, los manantiales y arroyos se secaron. Las norias para extracción del agua subterránea dejan de trabajar y la improductividad en los campos se hace evidente, provocando que muchas familias de labradores, medieros y braceros de San Joan, Benimagrell, Santa Faz y Palamó, emigren por la cercanía a Argelia y Marruecos. 

El fenómeno de la Revolución Industrial en Alicante se dio tras la llegada del ferrocarril MZA, en 1858, concentrando la mano de obra masculina en la actividad portuaria y pesquera, unido a todo el trabajo desarrollado por labradores para el mantenimiento de la huerta periurbana y los propios campos de Alicante sin olvidar a las cigarreras de la Real Fábrica de Tabacos. Le siguen los arrendatarios, pastores y ganaderos y en menor medida, los jornaleros que, de forma estacional, trabajan para el laboreo sobre todo de la vid, que necesitaba abundante mano de obra, además de dos riegos anuales en la Huerta alicantina. Las familias que viven en la Huerta, durante todo el año, realizan diversos trabajos manufacturados con fibras de la zona como lana, nopal, pita, barrilla, caña, palmito, calabaza, esparto, seda, lino y cáñamo. 

Por otro lado, se encuentra la élite compuesta por la aristocracia y burguesía comercial, que poseían las mejores haciendas y casas de labor hortelanas. Muchas de estas fincas residenciales y hotelitos burgueses durante la segunda mitad del siglo XIX, son modificadas al gusto del momento e incluyen bellos jardines paisajistas y geométricos, siendo en el lugar favorito para reuniones y ocio de la oligarquía local, alejándose del bullicio y ritmo vertiginoso de la ciudad.

Entre los productos mejor valorados en España de la Huerta de Alicante, había uno que competía en superioridad con Egipto, quedando por detrás Sicilia, era la barrilla de Alicante, cultivada en los almarjales del Palamó, Condomina y Albufereta, y como resultado la compleja elaboración de las piedras que se comercializaban en Francia, enviadas al puerto de Marsella. Otro producto era el lino de Alicante, muy reputado desde el siglo XVIII. Le seguía la almendra con destino a Cataluña, Marsella y Holanda. Con la variedad Mollar y mezclada con miel se elabora el delicioso dulce turrón de Jijona y Alicante. El esparto manufacturado viajaba dirección a los puertos de Génova, Nápoles, Marsella y Sicilia. Las pasas salían por el puerto de Denia, tal era su demanda que embarcaron por los vecinos puertos de Valencia y Alicante con destino a Cataluña, Inglaterra y Francia. Y por excelencia, están los vinos de Alicante documentada su exportación desde el siglo XV que, junto con la sal marina y mineral, viajaban en buques internacionales hacia Escandinavia, Holanda e Inglaterra.

Mapas de La Huerta de Alicante. Siglos XIX–XX. Red de caminos tradicionales – Fincas, bodegas y Almazaras. Sección EXPLORA – TERRA

En Europa durante la segunda mitad del siglo XIX sufre la devastadora plaga filoxérica y en 1878, Juan Maisonnave y Cutayar, reputado burgués y vinicultor alicantino con numerosos cargos institucionales, en un intento de alertar a la población hortelana, informa a los labradores para frenar la plaga en la provincia de Alicante publicando las instrucciones contra la filoxera. Mientras los viñedos franceses son asolados por la plaga, la economía española se beneficia con los tratados de libre comercio con Francia en 1877 y 1882. La economía alicantina prospera exponencialmente con la exportación de vinos alicantinos a las tierras galas, pero los cosecheros-exportadores y comerciantes alicantinos, ingenuos, no supieron ver que la plaga llegaría a España, y a la zona del levante. En 1900 se declara el comienzo de la plaga en tierras alicantinas avanzando durante la primera década, dando paso al mayor declive de la Huerta de Alicante. Juan Maisonnave vio como todos los viñedos familiares de Sant Joan en las fincas O’Gorman, Caseta Nova y Villa Marco, fueron devastados por la plaga filoxérica. 

A partir de 1902 se progresa en las comunicaciones con la inauguración del tranvía a gas de Alicante hasta Mutxamel, ya que se había mejorado el tranvía de tracción sanguínea que daba servicio a la ciudad alicantina desde 1893. Años después, en 1924, se perfecciona el servicio de los tranvías con la red eléctrica. La inauguración en 1911 del Trenet con la Estación de la Marina desde Alicante a Villajoyosa y posteriormente, cuatro años después, hasta Denia, conecta dos grandes puertos. 

Durante la filoxera se arrancan los viñedos de la Huerta los cuales no son replantados en su mayoría, sino sustituidos por otros cultivos. Una de las importantes razones fue la llegada de las aguas de Villena por la Sociedad del Canal de la Huerta de Alicante, inaugurado su primer riego en la finca Clavería de la familia Alberola en 1909. Posteriormente llegaron las aguas por concesión del Segura por la Compañía Riegos de Levante en 1925. Los agricultores se especializan en cultivos propios de regadío, hortofrutícolas, también agrios y almendros.

En 1933 se inaugura por Manuel Azaña el inicio de las obras de la carretera de la Costa que facilitará el desarrollo turístico de la Costa Blanca. La llegada de la Guerra Civil, la Huerta se convierte en el refugio de los ciudadanos de Alicante, quienes cogen por la tarde-noche el tranvía hacia la huerta, proceso llamado columna del miedo, huyendo del terror que se estaba viviendo en la capital alicantina con el continuo ataque a la población civil con bombardeos aéreos. 

Posteriormente, durante la dictadura muchas de las haciendas se ponen en valor, algunas perdiendo tamaño, pero puestas en producción. En 1950 se experimentará el cultivo y exportación a Europa del tomate de invierno, importado desde Canarias y de origen inglés, frente al tomate autóctono, alicantino, conocido popularmente como tomate de Muchamiel, característico por su delicioso sabor, de gran tamaño y asurcado de diferentes tonalidades rojas y verdes. Era vendido en mercados locales como también en los mercados de Madrid, Valencia y Barcelona.

Finalmente, el acelerado desarrollo urbanístico costero transforma muchos terrenos que pasan de ser agrícolas a convertirse en urbanos. La zona de veraneo sigue siendo la misma, donde antes había fincas de recreo y de explotación agrícola, hoy sienta las bases del característico turismo residencial. Nuevas formas de vivir el ocio o recreo en una nueva sociedad.