La Orta Aliquantis

Siglos XVI – XVII

Durante el reinado de Felipe II (1527-1598) será cuando se ejecuten diversas obras para la defensa de la población con las murallas en la ciudad y la construcción de torres vigías en la costa. Además del pantano, beneficiando la expansión comercial con la salida por el puerto de productos alicantinos y la importación de artículos provenientes de América y Europa. 

Se construye el primer pantano de Europa, el pantano de Alicante, realizado a finales del siglo XVI (1580-1594) que, aunque esté situado en el término municipal de Tibi, fue construido y pagado por y para los alicantinos. Los motivos de su construcción eran, por un lado, la necesidad acuciante de embalsar agua del río Verde para poder regar los campos en períodos clave del ciclo agrícola y por otro, el deseo de evitar que los caudales extraordinarios, producto de las precipitaciones torrenciales, se perdieran en el mar. Este aprovechamiento de las aguas se convirtió en una constante disputa entre las poblaciones circundantes al curso del agua y villa de Alicante.

En el contexto de la lucha por el Mediterráneo entre el Imperio Turco-Otomano y el Imperio Español, fue frecuente en la costa el avistamiento de embarcaciones de corsarios berberiscos, principalmente tunecinos y argelinos que se dedicaban al pillaje y rapto, asolando todo lo que encontraban a su camino. Para mitigar estos ataques, se desarrolló un sistema defensivo solidario entre los propietarios, compuesto de torres refugio situadas en los caminos de la Huerta de Alicante. Desde la costa, los guardias situados en torres vigía, cuando detectaban la presencia de naves hostiles, procedían a alertar a las torres próximas, comunicándose unas con otras mediante señales de humo, sonidos o izando cometas. De esta forma la población rural podía refugiarse en los campos. 

Tras la conquista cristiana en nuestras tierras, el agua del Monnegre fue repartida a los nuevos pobladores por Alfonso X, momento en que debió reorganizarse todo el sistema del regadío islámico. El agua de avenidas se regulaba a través de lladres o aliviaderos cuyos azuteros, oficio que se hereda de padres a hijos, eran avisados por el sonido de las campanas de las ermitas que estaban emplazadas por todo el cauce, siendo la primera la del pantano para dar aviso de la llegada del aiguadut o aguas pluviales

Tras la entrada en servicio del pantano de Tibi en 1594, se genera una nueva clase de agua, llamada agua nueva, que era el agua embalsada en el pantano proveniente de avenidas de lluvias esporádicas y que tiene la particularidad de estar unida a la tierra. Este agua, se diferenció del agua vieja, como así la denominaron, para distinguirla de la otra, que corresponde a las aguas del caudal del río Monnegre. Los aguatenientes e interesados con carácter especulativo, eran los titulares de las aguas viejas, separadas de la tierra desde la conquista cristiana, lo que tras la incorporación del agua nueva en 1594 a los nuevos poseedores de agua se les denominó terratenientes, heredados o regantes. 

El 9 de septiembre de 1597 el cielo descargó una gran tromba de agua que pronto, aumentó el caudal del río inundando la villa de Mutxamel y la huerta. Los mutxameleros rezaron para invocar a la virgen de Loreto para que aplacara la violencia de las aguas. Las plegarias dieron su respuesta de inmediato cuando la rotura de la acequia Mare despejó a la villa de las fuertes aguas, hecho considerado como milagro, y que ha dado como resultado que el 9 de septiembre sea festivo en honor a la virgen de Loreto.

Durante siglos los aguatenientes y terratenientes tendrán disputas por la utilización de las mismas, llegando los primeros, a causar grandes desperfectos en el pantano y quedando inutilizado durante décadas, tras la explosión de parte de la pared en 1697. En 1739, un año después de finalizar las obras de reparación del pantano es incorporado al Real Patrimonio. En 1741, se dictaron unas ordenanzas las cuales incidieron en la inseparabilidad del agua y la tierra. Carlos III en 1776 ordena por motivo de quejas de los regantes y por la tiranía de los precios a que se las vendían en los años de escasez, no pudiesen exceder del doble precio a que se vendía el agua por cuenta de SM los demás hilos del pantano. Así quedaba fijado el tope de venta del agua vieja al doble del valor del agua nueva. En 1782 se formó un reglamento en el cual se tasa la hora de agua vieja en 10 reales valencianos que era el doble de la que se pagaba por el agua del Real Patrimonio.

La construcción del Pantano motivó al funcionario de Felipe II, el Marqués Pedro Franqueza que entre 1590 y 1595 adquiriera las heredades del Palamó para urbanizar, ex novo, Villa Franqueza, colonizada primeramente por una veintena de colonos provenientes de diversas poblaciones de Alicante, Mutxamel, Elche, Sax y Caudete, siendo la inmensa mayoría del Vinalopó, de las villas Monforte y Aspe. Los nuevos pobladores heredan los suministros de agua de fuentes y una balsa muy antigua, hoy visible en la rambla de Orgegia próxima a la finca Les Fontetes, toponimia que nos recuerda el sangrado de agua que allí sucedía. Pedro Franqueza en su empeño por conseguir más agua, solicitó la construcción de un nuevo brazal desde el Azud de Mutxamel hasta su villa lo que supondría una gran ventaja con respecto a otras poblaciones de la Huerta, pero finalmente tuvo que conformarse con la prolongación del brazal más alto de la Huerta, el de Alfaz

Es de suponer que los nuevos pobladores de Villa Franqueza aprovechan las tierras de la rambla del Palamó para cultivo que, en un momento no muy posterior, a la altura de la balsa antigua, ubicada en la rambla de Orgegia, se construye un nuevo azud, asegurando el riego en esta zona de l’Horta de Baix hasta la desembocadura en la Albufereta.

La toponimia Albufereta nos recuerda la lengua de agua de costa que se introduce en la zona, constatada en la cartografía y documentación de la época Moderna. En concreto, en esa zona en 1690, los alicantinos realizan obras en la desembocadura de la Albufereta para la construcción de una presa. Los interesados quisieron contener las aguas de avenida, pero las sucesivas condiciones de insalubridad que se daban decidieron que, a partir de 1704, desecarla. Esta presa llegó hasta nuestros días con el nombre de Mollet, enclave primordial para cruzar el barranco por el camino histórico del Xiprer o Ciprés o antic camí de Silla.

La constante actividad comercial gracias al puerto de Alicante por mercaderes y potenciado por extranjeros, hizo necesario la creación de un Consulado del Mar como ya existían tradicionalmente en otros puertos Mediterráneos, fundándose en 1785, el Consulado Marítimo y Terrestre de Alicante, en cuya Cédula Real, nombraba Prior al terrateniente Antonio Valcárcel y Pérez Pastor, Marqués de Castel-Rodrigo y príncipe Pío consorte, cuya estirpe será una de las más destacadas de la Huerta de Alicante desde 1776. 

Sabemos que poseía en la heredad de Fabraquer la mejor propiedad de las huertas entre Mutxamel y Sant Joan. Antonio Valcárcel en su finca La Princesa, se elabora el afamado vino de Alicante, Fondellol o Fondillón. A su muerte, en 1790, durante el registro del inventario de sus posesiones, se documentó varias fincas en la Huerta y ciudad de Alicante con 35 toneles de vino y 3.075 cántaros. Su hijo, el Conde Lumiares, continuará el negocio llegando a publicar sus investigaciones acerca del cultivo y elaboración del vino Fondellol. Otros terratenientes con cargos en la Institución, tenían fincas en la Huerta como Ignacio Carreras de la finca Carreras o el propio Marqués de Algorfa, de la finca La Cadena.

El Fondillón se elaboraba en las bodegas de Mutxamel, Ravalet, Sant Joan, Fabraquer, Benimagrell, Condomina y Orgegia. Si antes hablábamos de la fundación de Villafranqueza en el Palamó, a partir de 1788, en la heredad grande de Bonany en Mutxamel, se funda el señorío de Peñacerrada o Pueblo Nuevo, con una extensión de 18 tahúllas de tierra huerta. El señorío constituye un caso especial dentro del grupo de pequeños señoríos alfonsinos del Campo de Alicante y Bajo Vinalopó, ya que fue puesto en explotación mediante el arrendamiento. Fue obra de su propietario, Antonio Pascual de Riquelme y Molina, Marqués de Peñacerrada que, a partir de 1796, adquiere el título de Marqués de Beniel, quien ocupó cargo de Prior en el Consulado Marítimo y Terrestre de Alicante.